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Viernes 20 de Marzo del 2026

20-03-2026

EL DIARIO DE LA RIOJA -

Presidente Trump: “Declara la victoria… y ríndete”

LA RIOJA (Por Ahmad Diab).- La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán −lo que muchos denominan sin eufemismos la “coalición Epstein”− no solo ha fracasado en su objetivo central, sino que ha producido el efecto inverso: ha despertado la fibra más profunda de un pueblo milenario que, lejos de quebrarse, se ha endurecido: Irán se ha cohesionado.

Ni la eliminación de figuras clave, ni la presión militar, ni la guerra psicológica lograron perforar el núcleo del sistema iraní. Su arquitectura política −densa, vigilante, diseñada precisamente para resistir este tipo de embates− respondió con rapidez quirúrgica. Donde Washington esperaba caos, encontró orden, allí donde llamaba al pueblo a “resistir la dictadura”, encontro un pueblo unido a sus gobernantes, día tras día, desde el primer ataque.

Para Donald Trump, esta no es una crisis más, es el inicio de un límite. Incluso sectores de la prensa estadounidense −habitualmente alineados− comienzan a sugerirle irónicamente una salida elegante: declarar una victoria ficticia y rendirse antes de que la realidad lo obligue a hacerlo en condiciones mucho más humillantes. Aparecen los negros nubarrones de Vietnam y Afganistán.

Del otro lado, Benjamin Netanyahu enfrenta su propia encrucijada. Apostó a una guerra que debía restaurar la disuasión israelí, pero ha terminado exponiendo sus límites. Irán, supuestamente “neutralizado”, continúa golpeando, resistiendo y, peor aún para Tel Aviv, adaptándose.

Ormuz: el punto de quiebre del orden mundial

El estrecho de Ormuz se ha convertido en algo más que un cuello de botella energético: es el símbolo del colapso del orden unipolar.

Mientras Estados Unidos despliega poder militar sin lograr control político, China y Rusia ejecutan una estrategia mucho más eficaz: ganar sin disparar.

Pekín asegura energía con acuerdos preferenciales y corredores protegidos, demostrando que el poder real en el siglo XXI no se encuentra en los portaaviones que huyen del Golfo, sino en contratos, rutas y dependencia estructural.

Moscú, en paralelo, acelera el golpe más peligroso para Washington: el debilitamiento del dólar como eje del comercio energético. Si el petróleo deja de hablar en dólares, el poder estadounidense no cae lentamente; se irán evaporando, como los traidores príncipes del Golfo que apostaron mal.

Israel: entre la supervivencia y el agotamiento

Para Israel, esta guerra es existencial. Pero el resultado es brutalmente paradójico pues cada golpe que lanza lo acerca más a su propio desgaste; economía militarizada, población bajo sirenas constantes, aislamiento internacional creciente. Israel puede destruir infraestructura, pero no puede bombardear una realidad: el agotamiento.

Y en ese desgaste emerge una verdad incómoda. El viejo imaginario del “Gran Israel”, muchas veces asociado −aunque de forma discutida− al sionismo de Theodor Herzl, se revela hoy como lo que siempre fue: una ilusión geopolítica insostenible frente a la realidad demográfica, cultural y estratégica de la región.

La fractura interna y el sueño que se resquebraja ya que Israel no es un bloque homogéneo. Es un mosaico frágil.

Un millón de judíos provenientes de Rusia −llegados tras el colapso soviético huyendo de la pobreza y la marginación− no emigraron para vivir en refugios ni bajo la amenaza constante de misiles. Tampoco lo hicieron las múltiples etnias de origen europeo, oriental y africano que fueron convocadas bajo la promesa del “sueño israelí”. Hoy, ese sueño se transformó en incertidumbre.

Y cuando la incertidumbre se vuelve insoportable, ocurre lo previsible, los que pueden irse, se van. Primero los más ricos, los más conectados, los que tienen una segunda nacionalidad. Lo que queda es una sociedad más expuesta, más tensa, más vulnerable.

El error fatal: no entender a Irán

El mayor error de esta guerra no fue militar. Fue intelectual. La administración de Donald Trump no entendió a Irán. No entendió el shiismo como fuerza política y religiosa, ni la historia como factor de cohesión, ni la humillación como combustible de resistencia; cada mártir es reemplazado por más cohesión y más fuerza y más determinación.

Atacó el cuerpo pero fortaleció su alma.

Mientras tanto, la sociedad estadounidense comienza a pagar el precio: inflación energética, incertidumbre económica y una guerra sin narrativa clara de victoria. El frente interno −como tantas veces en la historia− se convierte en el eslabón más débil. Y las deserciones como la del secretario de Estado del Departamento Antiterrorista y otros colaboradores que lo están mirando con el rabillo del ojo a un Trump cada días más desubicado.

El resultado es tan claro como incómodo. Irán pierde infraestructura, pero gana legitimidad y cohesión. Estados Unidos exhibe poder, pero no consigue resultados. Rusia y China no combaten… pero avanzan. Recogen, pieza por pieza, los restos de una hegemonía en retirada.

La “coalición Epstein” no logró imponer orden, por el contrario, aceleró el desorden. Irán no parece debilitado, cada golpe que pega es brutal. No debilitó a sus adversarios sino que los intimidó. Y mientras se desmoronan los mitos −desde la invulnerabilidad militar hasta el proyecto del “Gran Israel”− queda al descubierto una verdad más profunda:

En el siglo XXI, no gana quien más destruye, sino quien mejor entiende.
Y en esta guerra, esa ventaja no está del lado de Washington ni de Tel Aviv.


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(Ahmad Diab: periodista/analista/escritor/Presidente de FIYAR (Federación Argentina de Entidades Islámicas Yafaritas); Encargado de los Asuntos Religiosos del Centro Islámico de la Provincia de La Rioja)

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