En la Feria del Libro, llevada a cabo en Buenos Aires en el mes de mayo, en una charla presentada por un reconocido conductor y escritor se desató una fuerte polémica respecto del papel que juegan las sectas en el país. Dicha presentación, generó que se instalara nuevamente el rol que cumplen aquellos que intentan orientar a la gente que se encuentra bajo un fuerte sufrimiento emocional.
Habida cuenta de lo sucedido, se podría pensar en el auge de aquellos que en nombre del poder de la sugestión determinan los rumbos de muchas personas que se encuentran mentalmente aplacadas, atravesando momentos de incertidumbre, sin defensas ni contención familiar y/o social.
Los canales de televisión les dan un espacio cada vez mayor y así se instalan con frases implacables como: “Pare de sufrir”. Se prometen uniones de parejas en cuestión de meses, recuperar a la persona amada que tomó la decisión de romper con un vínculo, quien volvería a enamorarse, vaya uno a saber por medio de qué técnica, arte o magia.
¿Acaso no tiene importancia preguntarse el motivo por el cual se sufre? Lo que aparece masivamente es el “pare de sufrir” que cada vez pareciera tener más adeptos, más propaganda, mayor difusión. Quizás se trate, más bien, de entender que sufrir es un estado más entre tantos otros, y que sería importante poder darse el tiempo y el espacio para sufrir, para pensar sobre esa experiencia, de igual modo cuando se atraviesa un duelo, en el que es necesario poder pasar por ese estado de dolor para luego reincorporarse a las actividades y relaciones de la vida cotidiana.
Ahora bien, ¿quién puede ofrecer garantías y seguridades para evitar el sufrimiento? ¿Desde qué sustento teórico/práctico se paran quienes intentan dar soluciones? Es cierto que cada individuo es dueño de decidir qué camino tomar: si prefiere ir a consultar al psicólogo, al psicoanalista, al gurú, al curador, al sanador; o ampararse en la fe. Y cada individuo también es responsable de la elección que tome para determinar qué hacer con el sufrimiento singular que encarna: si prefiere darse el tiempo terapéutico para interrogar respecto del origen de su sufrir o esperar la respuesta inmediata de otro que se posiciona jactándose de un saber y, al mismo tiempo, abusando de un poder.
Sin embargo, mayor responsabilidad tendrá quien lleve la dirección de cada una de las ofertas para abordar el sufrimiento. En definitiva, la diferencia esencial entre ellas estará dada por la ética que la sustente.